Maternidad

Carta para una mamá primeriza


Ser mamá por primera vez es enfrentarse a días grises, negros donde queremos tener un manual que nos diga exactamente qué hacer en cada situación difícil que se presenta y días rosados, amarillos donde todo parece florecer. Creo que todo es parte de ese proceso tan desconocido al que nos enfrentamos cuando somos mamás primerizas.


Los primeros días junto a mi hijo fueron tranquilos. A pesar del dolor que invadía mi cuerpo (por haber hecho trabajo de parto y después haberme enfrentado a una cesárea) tenerlo por fin junto a mi, sanito y recibiendo toda la atención de las enfermeras de la clínica cada dos horas, me daba paz, nada podía salir mal con tanta ayuda.

El reto comenzó cuando volvimos a la casa, los tres solos, y junto a mi novio debíamos cuidar este pequeño ser haciendo uso del conocimiento que habíamos adquirido previamente y con lo que creíamos que estaba bien, es decir, con nuestro instinto. Y descubrí que, en adelante, tendría días buenos, muy buenos, donde agradecería a la vida este regalote, y otros donde añoraría mi vida pasada en la que mi principal preocupación era si lograría reunir todo el dinero que necesitaba para mis próximas vacaciones.

Descubrí que, en adelante, tendría días buenos, muy buenos, donde agradecería a la vida este regalote, y otros donde añoraría mi vida pasada

Si eres mamá por primera vez:

Vas a sentir que la vida te premió con ese hijo que cargas días y noche. Que la vida te dio la oportunidad de transmitir todos tus valores a una persona que no sabe nada de nada y que solo por eso vale la pena cada trasnochada y cada levantada en la madrugada.

Vas a enamorarte cuando estés amamantando. No he experimentado un vínculo más profundo y fuerte que alimentar a mi hijo con lo que mi cuerpo dispone para él. Es un círculo de amor perfecto. Todo lo que comes se transmite a tu hijo, por eso te vas a esforzar por mantener una dieta sana y no te va a costar porque cuando lo sostengas sobre tus brazos y lo alimentes y él te devuelva esa miradita de agradecimiento y amor te va a parecer el mejor pago del mundo.

No he experimentado un vínculo más profundo y fuerte que alimentar a mi hijo con lo que mi cuerpo dispone para él. Es un círculo de amor perfecto.

Vas a experimentar un tipo de amor que no conocías y que te va a llenar el alma. Vas a tener todo el tiempo los ojos puestos en tu hijo. Cada persona que se acerque a él será vigilado por tu instinto, que es como una pantera territorial y ruda. No vas a permitir que nadie lo haga llorar, o lo despierte, o lo toque con las manos sucias, o le cause algún sufrimiento. Vas a proteger a este ser humano como nunca cuidaste nada en la vida.

Vas a preocuparte con cada estornudo de tu bebé. Puedes llegar a ser muy dramática y pensar que lo mejor es irte inmediatamente a urgencias. Calma. Los niños están adaptándose a este nuevo mundo donde deben respirar, comer, gritar como no lo hacían en el vientre. Así que enfermarse es normal. Trata de ser más racional que emocional, y si, vale la pena ser precavida pero no extremista. (Este párrafo lo he escrito como mantra para mi, pues me cuesta mucho no sobre dimensionar cada reflujo del bebé)

Vas a tener un día negro donde posiblemente solo quieras llorar porque estás preocupada, porque sientes que nadie te ayuda (aunque sea mentira), porque te da miedo el futuro de tu hijo, porque no dormiste bien, porque te duele la espalda, porque extrañas tu vida del pasado. Si. No está mal sentir ese desasosiego. No somos de piedra. Un día no tienes ningún tipo de responsabilidad y al otro día tienes un ser humano indefenso que depende plenamente de ti. La vulnerabilidad en su máxima expresión. No te aflijas, todas lo han hecho y no se necesita ningún super poder para lograrlo.

Un día no tienes ningún tipo de responsabilidad y al otro día tienes un ser humano indefenso que depende plenamente de ti. La vulnerabilidad en su máxima expresión. No te aflijas, todas lo han hecho y no se necesita ningún super poder para lograrlo.

Vas a querer devolver el tiempo. Y no está mal, no te convierte en una mala madre. El cambio que experimenta la mujer es abrupto, salvaje, drástico, no se asimila de un día para otro, así que recordar tus días pasados, donde descansabas y dormías 7 horas diarias y te levantabas a ver televisión o hacer ejercicio no es pecado.

Vas a extrañar tu antiguo cuerpo pero vas a validar estas nuevas líneas y formas que se quedaron después del embarazo, esa cicatriz que te duele te recordará que tuviste a tu hijo en tu vientre nueve meses, que protegiste ese cuerpo con todo tu ser para que nada malo entrara en él.

Vas a pasar muchos días en pijama, en sudadera, con pocas ganas de arreglarte (por lo menos en mi caso), vas a olvidar que tienes el pantalón sucio porque tu hijo no tiene piedad de ti cuando estás quitándole el pañal. Pero llegará un día en que tus jeans antiguos se van a ajustar de nuevo a tus caderas y te vas a volver a arreglar como te gustaba, a ti. La primera vez que salí de mi casa me puse hasta tacones (15 días después de la cesárea) y fui feliz, hasta que llegué al consultorio de la médica que me quitó los puntos de la cesárea y masajeó mi herida, aquella que yo no había sido capaz de tocar. Salí viendo estrellas, con ganas de pijama calientica, odiando mis tacones y los maxi aretes que escogí para ese día.


“La pinta el día que salí por primera vez después de 15 días en casa.”


Vas a ser feliz en la medida en que comprendas que hay días buenos y días malos y que, como todo cambio, al principio puede ser difícil adaptarse, comprenderse como mamá, ver tu nuevo cuerpo, reconocer la nueva relación con tu pareja… Nada es blanco ni negro, la maternidad no es un jardín de rosas pero tampoco un hoyo negro. Es un camino que nos enfrentará a nuestros miedos más profundos, a ilusiones que no sabíamos que teníamos y que se convertirá en un motor de vida que nos alentará incluso a probar nuevas cosas.

Les dejo una canción que pueden cantar y dedicar a sus bebés. Es de la película Coco, que me tiene enamorada.


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6 Comentarios

  • Responder
    Paola González
    6 marzo, 2018 at 7:16 pm

    Quiero felicitarte porque te ves hermosa después de 15 dias del parto. Mis primeros días lloraba, el puerperio aún me tiene susceptible 🙁

    • Responder
      Mónica Diago
      7 marzo, 2018 at 9:25 am

      PAOLA, gracias por tu piropo! así me tiene mi bebé:) la lactancia me ha ayudado bastante, creo. Y también estoy MEGA susceptible!!! uf, mucho más que en el embarazo, todo me hace llorar 🙁 , un abrazo!

  • Responder
    Nathaly
    7 marzo, 2018 at 3:18 pm

    Gracias por esta carta. Tengo 29 semanas + 5 y estoy muy ansiosa y me hago muchas preguntas. Tu carta me hizo llorar. Un fuerte abrazo.. y de nuevo, gracias!

    • Responder
      Mónica Diago
      7 marzo, 2018 at 3:24 pm

      Nathaly! ay no sabes lo que me alegra poder ayudar por lo menos un poquito a otros mamás en este proceso. Mucha suerte con ese embarazo, todo sale siempre bien, confía en tu instinto de mamá y de mujer. Te mando un fuerte abrazo

  • Responder
    Andrea Barrera
    7 marzo, 2018 at 5:02 pm

    Hermosa Moni! me emocionas con cada escrito, tan honesto y verdadero. MUAC besos a todos en casa, te pienso todos los dias

    • Responder
      Mónica Diago
      8 marzo, 2018 at 8:41 am

      De eso se trata mi Andre, hablar con el corazón y exorcisar 🙂 besos, gracias por leerme y pensarme!

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