Me causa mucha curiosidad lo que pasa por la mente del papá de mi hijo. Nueve meses de atención desmesurada por la madre merecen por lo menos un post solo para el padre. Va dedicado a todos las parejas que, como debe ser, están junto a sus mujeres en este proceso de dos, esperando ese momento tan ansiado. Y, claro, para Juan, el artífice de toda esta aventura de ‘Padres e hijos’.

¿Qué sentimientos tienes en este momento?

Una tranquilidad activa. Aunque suene a frase de cajón, siento mucha expectativa por construirle el mundo a un nuevo sujeto.

¿Qué te ha parecido lo más difícil de todo?

Interiorizar en todos los niveles el hecho de que todo lo que fui ya no es; que hay un cambio obligado y para bien. El pasado ya está allá y nunca lo había sentido tan claro psicológica, emocional e intelectualmente. Saber que ya no estás en control de tu vida en sentido estricto sino que ya, necesariamente, respondes por alguien más. Darle paso a este nuevo proceso y renunciar a ese yo con yo en el que alguien de vez en cuando entra a bailar

¿Te has preparado de alguna manera para ser papá?

No. Más allá de lo que nos han explicado en los cursos, no. Creo que, si esto está inscrito en el código biológico, se me va a dar con naturalidad. No me asusta.

¿Qué no quisieras heredarle?

El mal genio, la ansiedad, la pereza, la necesidad de preocuparse por la felicidad de otros más que por la propia. Tampoco quisiera que saliera tan inquisitivo como lo fui con mis papás, y en particular con mi mamá. Pero ajá…

¿Qué papá quieres ser?

Uno que no cometa tantos errores irreversibles y que le muestre el camino correcto. Ya después él verá.

¿Qué quisieras repetir de la forma en que tu papá te crio?

Veo a mi papá como una persona que lo puede hacer casi todo; quisiera repetirlo. Siempre me pareció admirable el estoicismo, la dedicación y la disciplina con que asumió su vida.

¿Y de tu mamá?

Estar presente para todo, de manera paciente, incondicional y amorosa.

¿Cuál crees que es tu labor durante el parto?

Primero, una obligación moral que nos había negado el sistema tóxico de la sociedad patriarcal; no entiendo cómo antes los papás se desconectaban del momento crucial de la creación.

A los hombres antes se les entregaba el bebé despues de todo el mierdero, y eso no permitía que entendieran el proceso de la madre. Entonces, más que darte ánimo (creo que, si yo no estuviera, eso lo podría hacer cualquiera), es ser testigo del inicio de algo de lo que soy parte, desde ese momento y hasta el último día. Ver por primera vez nuestra unión genética. Eso que he sentido de forma virtual durante estos meses por fin voy a vivirlo de manera sensorial.

¿Qué ha sido lo más bonito del embarazo?

Que hay un lenguaje más genuino y natural y es el del cuerpo de la mujer en el embarazo. Eso condiciona la relación, la autopercepción en una nueva dimensión. Es un aprendizaje muy feliz porque te muestra otra faceta del amor que le tienes a tu pareja y a los que te rodean.

¿Qué ha sido lo más bacano de todo el proceso?

Percibir e identificar empatía con otra vida en otro nivel. Yo ya había sentido amor hacia otro ser a mi cuidado, con mis sobrinos, mis mascotas, plantas, pero el hecho de que sea una nueva vida humana creada por nosotros le da un sentido más visceral a esa sensación de responsabilidad y cariño.

También entender cómo es diferente el proceso para los dos, con lo biológico apenas como punto de partida. Para mi sigue siendo virtual a pesar de que ya está encima. Es chévere que nosotros (los hombres hétero de esta generación) podemos sentirnos más involucrados en la paternidad, que no es simplemente perpetuarse uno mismo en otra persona sino que tenemos la posibilidad de mejorar esas nociones tóxicas del pasado que engendraron tantos males. Es un momento que nos da herramientas para transformar para bien una cultura y una sociedad. A la vez siento un impulso para muchas cosas nuevas; una fuerza interna que se me ha activado.

Ver de frente mi propia mortalidad, porque antes era consciencia apenas intelectual. Son muy, muy pocas las experiencias positivas que nos muestran tan claramente que la vida se acaba. Digamos, por oposición al terror o la enfermedad. Eso me ha motivado a disfrutar más el presente, a ignorar el frenesí del mañana o las anclas del pasado.

He descubierto deseos que no sabía que tenía. Y me conmueve notar que gente a mi alrededor genuinamente se alegra de que yo traiga vida a este mundo.

¿Qué es lo más difícil del embarazo?

Al pertenecer a una generación aburguesada y occidental, siento que llega a ser difícil comprender que las decisiones no son algo temporal. Es difícil vivir a través de un tercero el hecho de que la vida va en serio y es más compleja que la banalidad en que nos han educado. Vivimos entre gente que cree que se puede ignorar las consecuencias de esas acciones o de esas decisiones. O que confunde las consecuencias con órdenes o señales divinas. Y en realidad toda decisión es una decisión que no acaba, digamos. Es difícil reconocer que mucho de lo que nos han enseñado está mal.

¿Qué te gustaría cambiar del país antes de la llegada del bebé?

Bueno, 48 horas no alcanzan para nada… Pero cambiaría la ingenuidad y credulidad (creemos todo lo que nos mandan por what’s up, lo que vemos en Facebook) ; creo que juntas son una nueva forma de analfabetismo. También quisiera que en el país hubiera mayor responsabilidad moral con la sociedad. Que entendiéramos que el sentido de comunidad es natural y necesario para la identidad de todos, y que se construye colectivamente.

¿Cuál crees que va a ser el aporte más grande que le vas a hacer a tu hijo?

Me voy a esforzar por que tenga una autoestima muy fuerte y aterrizada.

¿Cómo me ves ahora?

Me he llenado de admiración. No es que no te viera antes así. Creo que es un poco ridículo sentir un logro en el hecho de reproducirse. O sea, hablamos de algo que puede hacer un adolescente borracho con más o menos el mismo éxito, por parafrasear a un conocido. Lo especial de esto es que es un reto, no una llegada, y la dignididad, la altura con las que has asumido el reto y los cambios que se te han presentado me gustan bastante. Las virtudes que te vi cuando éramos una pareja sin hijo se han afianzado, han florecido. Sabes que eres modelo para alguien y por eso tratas de proyectar lo bueno y transformar lo malo que hay en ti. A mí también me dan ganas de imitarte.

 

 

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